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CALENTAMIENTO GLOBAL, PÉRDIDA DE BIODIVERSIDAD Y POBREZA EXTREMA

El calentamiento global, la pérdida de biodiversidad y la pobreza en los países del sur son tres problemas que van de la mano.

La mayoría de los países pobres se sitúan en las latitudes tropicales del planeta. Muchas familias, impulsadas por la pobreza extrema, no tienen ninguna otra opción de subsistencia más allá de la agricultura de roce y quema, consistente al talar y quemar la selva para aprovechar su escasa fertilidad durante un periodo muy breve, a veces una sola cosecha.

Este modelo productivo conlleva, en primer lugar, una importante emisión de CO2 a la atmósfera, contribuyendo al calentamiento global.
En segundo lugar implica una devastadora pérdida de biodiversidad, de especies de plantas y animales que no se encuentran en ningún otro lugar del planeta.

La pérdida de biodiversidad actualmente no llena tantas portadas de periódico como el tema del calentamiento, pero es un problema quizás todavía peor, puesto que es irreversible; cuando una especie desaparece lo hace para siempre.

Finalmente, el alto impacto ambiental de este modelo agrícola no permite que las familias que lo practican puedan escapar del ciclo de pobreza dónde se encuentran inmersas, puesto que genera unos rendimientos e ingresos muy exiguos.

UNA PROPUESTA INNOVADORA

Durante los últimos decenios, los precios de las materias primas producidas en estos países (café, cacao, maíz, plátano, etc.) han ido cayendo de forma implacable y sostenida. Pero en cambio, los precios de las maderas tropicales se han incrementando de forma inversa. Es lógico, la madera es cada vez es más escasa y su demanda crece año tras año. Los estudios de la FAO* indican que esta tendencia se mantendrá a corto, mediano y largo plazo.

Pero la realidad económica de los pobladores del trópico les impide escapar de su ciclo de subsistencia, del hoy para mañana. Por esto hacen falta iniciativas que contribuyan a romper esta dinámica, impulsando la recuperación de áreas boscosas y la gestión forestal sostenible.

Nuestro programa trabaja en la región amazónica del Perú, con poblaciones en situación de extrema pobreza ubicadas en zonas de gran riqueza ecológica.

Las familias beneficiarias reciben apoyo técnico y económico durante los tres primeros años de su actividad forestal. Estos tres años son los más críticos, puesto que hace falta un importante esfuerzo económico y laboral para producir los plantones, preparar los terrenos, plantar los árboles y mantener las parcelas en óptimas condiciones para su crecimiento.

Este esfuerzo no se vería recompensado hasta el cabo de unos cuántos años si no fuera por el pago inicial que reciben anualmente por su contribución a la captación de carbono, del CO2 que los árboles irán captando de la atmósfera y que quedará retenido en forma de biomasa.
A partir del cuarto año los árboles ya han logrado el suficiente tamaño como para permitir que el nuevo bosque se autoregule y, en consecuencia, las necesidades de inversión y mano de obra se vuelven mínimas.

Sólo se trabaja con especies nativas. Están adaptadas al medio y a los suelos y casi no requieren tratamientos fitosanitarios. Además, estas especies son las que permiten que prospere la fauna y flora local, la llamada biodiversidad.

En cada plantación se busca combinar un mínimo de seis especies forestales diferentes. Este hecho tiene una gran importancia económica. Algunas especies crecen rápido y pueden ser aprovechadas al cabo del quinto año. Otras irán entrando en producción progresivamente. Y las maderas nobles, como por ejemplo la caoba, acabarán generando el principal ingreso económico al cabo de unos decenios.

La totalidad de los árboles plantados son propiedad de las familias o comunidades beneficiarias, así como también lo serán los ingresos que generen.

Aunque más adelante se talen los árboles plantados, al hacerlo en ciclos diferentes, la parcela ya no perderá nunca su condición de masa forestal. Tendremos un bosque gestionado de manera sostenible dónde hubieran quedado unos terrenos degradados.

Y con esta gestión forestal se evita que las familias beneficiarias continúen con su ciclo de tala y quema de la selva. De ser emisores de CO2 pasan a ser captadores.




IGMAN - Acció Solidària

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